Evolución histórica
Los primeros indicios de poblamiento
en los límites de la parroquia corresponden a un castro situado
en la parte extrema del cabo, en un pequeño alto, muy cerca
del mar. Estos castros marítimos suelen emplazarse en zonas
estratégicas tanto por su defensa como para beneficiarse de
la riqueza marítima que le permitía una fácil
subsistencia. En este caso, el litoral ofrece abundante pesca y marisco,
además es un lugar estratégico desde donde se divisa
toda la costa. Como queda dicho anteriormente, la situación
llana permite la entrada fácil de población y un lugar
adecuado para su asentamiento.
La población castreña ha dejado su huella en los instrumentos
encontrados en un finca llamada "Chao de castro". Nos referimos
a la arracada y al torques de Burela. El torques, que actualmente
se encuentra en el museo procincial de Lugo, es una pieza de oro
de 23 quilates formada por una gruesa varilla en el centro y romboidal
en los bordes, sus extremos se rematan con "doble tronco de
cono". Es una de las piezas maestras de la orfebrería
castraña por sus proporciones, equilibrio y realización.
Muy cerca del castro encontramos un "vilaris" y una villa
que corresponde a la época de la romanización de Galicia.
Este pequeño poblamiento va a dar origen a una feligresía
rural compuesta por distintos lugares y se erige en parroquia, bajo
la protección de Santa María cuando la diócesis
tenía su sede en San Martín de Mondoñedo. Esta
diócesis tiene si origen en el año 866 y se formó a
partir del antiguo obispado de Bretoña, los obispos residieron
habitualmente en San Martín, hasta que en el s. XII la sede
fur trasladada a Villa Mayor de Brea (actualmente Mondoñedo).
Cuando la sede se traslada a Mondoñedo, se habían erigido
en parroquis la mayoría de las hoy existentes en la zona costera
de la provincia de Lugo. La evolución histórica castro-vila-parroquia,
que acabamos de describir en Burela, es frecuente en toda Galicia.
La geografía de la diócesis sufrió algunas
modificaciones a consecuencia del pleito que en el s. XII mantuvieron
el arzobispo de Santiago y el obispo mindoniense. Una vez acabado
el pleito, D. Nuño quiso arreglar los bienes de su iglesia
e hizo un convento con el conde D. Rodrigo de Vela por el cual dividieron
las parroquias pertenecientes a uno y otro. Esta división
queda confirmada por el rey Alfonso VII al declarar a Santa María
de Burela territorio realengo otorgado a D. Nuño. Para designar
la divisoria entra Cangas y Burela se halla la palabra "torrentes",
actualmente la zona más cercana a la parroquia de Cangas se
denomina Torrentes. Aunque vemos que en Burela existía con
anterioridad al s. XIII es en este momento cuando se delimitael territorio
que le corresponde a la parroquia, este hecho viene recogido en un
pergamino existente en los archivos de la Real Academia de la Historia,
cuando el obispo D. Juan Sebastianes y D. Rodrigo Gómez otorgan "carta
de población" a quienes donan la mitad del monte de la
Rúa estableciendo los tributos que habían de pagar
con arreglo al fuero de Benavente. Esta carta-puebla es el documento
que contiene el repartimiento de tierras, derechos y deberes que
se concedían a los pobladores del sitio, quedando fundado
el pueblo. Esta fundación está fechada en febrero de
1250 considerándola como la primera noticia de este lugar.
En 1258, el obispo
Sebastianes con el deán y cabildo de Mondoñedo
aforan los bienes que legados por el arcediano de Azumara, Pedro
Pérez, se conoce en los siglos posteriores como la "Sucesión
de Burela". Estos bienes radican en las parroquias de la Devesa,
Fazouro, Burela, Cervo, Lieiro, Portocelo, Sumoas y Celeiro. En concreto
se aforan, además de otros bienes, la mitad de la iglesia
de Santa María de Burela. A partir de 1352 la sucesión
lleva unido el derecho de presentación que es causa del asentamiento
de nobles familias en los términos de la demarcación
parroquial. Por los bienes de la "Sucesión de Burela" Pedro
Bolaño pleitea con el cabildo de Mondoñedo, pues éste
defiende su pertenencia a Martín Vazquez de Vaamonde. El pleito
es perdido por Pedro Bolaño que es obligado a abandonar los
bienes de la Sucesión. A pesar de todo sigue manteniendo posesiones
en el término de Burela tal como indica su testamento.
Su parroquial Santa
María del Rosario de Burela perteneció al
patronato de los Osorios y Bolaño de Celeiro y de Herbes en
Betanzos. El derecho de patronato consiste en una serie de privilegios
que la iglesia concede a los fundadores de un lugar sagrado y a sus
sucesores, estos privilegios son el derecho de presentación,
el de preferencia honorífica y en caso de indigencia el de
alimentación. Estos privilegios son los que los dos hijos
de Alonso Vázquez de Cabarcos dicen poseer en la parroquia
de Santa María de Burela, aunque Pedro de Bolaño los
reclama en exclusiva. Transcurre pacificamente el ejercicio del derecho
de presentación parroquial hasta que en 1740 Pedro Carlos
Quiroga Lemos y Miranda, regisdor de las ciudades de Coruña
y Mondoñedo los reclama como descendientes de Fernán
Díaz de Ribadeneira. Pedro Carlos, además de dueño
de la casa y pazo de Herbes es señor de las jurisdicciones
de Soñar, Sésamo, Angueiros y Burela. A la reclamción
de Pedro Carlos se opone Basilio Osorio. El pleito es largo y no
termina hasta que Carlos III en 1770 mediante una Real Cédula
establece turno y alternativa en las vacantes de dicho beneficio
de Burela.
El pleito es más por motivos vanidosos que por otras causas
pues el valor económico es escaso.
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Siglo XVI
En 1593 Felipe II
incorpora a la Corona Real la jurisdicción
del coto redondo de Santa María de Burela y concede una
carta privilegio a favor del obispo de Mondoñedo de 1502
maravedies de juro perpetuo. Asíla feligresía de
Burela queda separada del dominio del obispo que ha de cobrar
la cantidad fijada según tasación hecha por Hernán
Sánchez de la Mata al cargo de las alcabalas de la carne
de la ciudad de Mondoñedo. El rey Felipe II tiene autorización,
concedida por Gregorio XIII, para desmembrar o vender cualquier
villa, lugar, fortaleza, jurisdicción, vasallos y rentas
perteneciente a una iglesia o lugar siempre que el valor de la
renta no exceda los 40.000 ducados.
Al obispo de Mondoñedo
sólo le quedan en Burela los
diezmos de pan, vino, aceite, ganados y otros frutos, dejando de
pertenecerle vasallos, jurisdicción civil y criminal y el
resto de las rentas jurisdiccionales. La jurisdicción lleva
consigo el poder nombrar los miembros de la justicia, funcionarios
municipales y elección de escribanos. Al ser esta parroquia
muy reducida territorialmente poco supone económicamente pero
si que ayuda al prestigio socio-económico del mayorazgo basado
en los bienes vinculares que están libres de confiscación.
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Siglos XVII-XVIII
Desde
comienzos del S.XVII hasta 1834 el reino de Galicia se componía de siete provincias: Santiago, Lugo,
Orense, Mondoñedo, Betanzos, La Coruña y Tuy. La
palabra provincia tenía en los siglos XVI-XVIII un significado
diferente del que tiene en la actualidad. Las provincias en el
Antiguo Régimen
tenían funciones reducidas y no rompían la unidad
del país. Galicia integrada en la Corona de Castilla, aparecía
como un reino y se la veía como una unidad. Las provincias
existían únicamente como marco de distribución
de cargas fiscales o de reparto de levas y en el interior de cada
provincia se distribuía entre casa jurisdicción o
coto. En realidad, el marco administrativo que percibían
los gallegos de los siglos XVI-XVIII era ante todo el de coto jurisdicción.
El origen de estos cotos y jurisdicciones tenemos que buscarlo
en la Edad Media, en los cotos de las iglesias y conventos. En
cuanto a las jurisdicciones de los señores, en los territorios
que iban adquiriendo por herencia, donación, compra o contrato
y que ellos mismos regían y administraban como autoridad
propia, pues la jurisdicción lleva consigo el nombramiento
de los miembros de justicia y los funcionarios municipales que
convienen además de la elección de escribanos.Por
tanto, la división
territorial y de gobierno de Galicia era la siguiente:
| 1. Una provincia-reino. |
| 2. Siete pronvincias como ámbitos
territoriales de representación. |
| 3. Una subdivisión provincial en jurisdicciones
y cotos redondos que a su vez están compuestos por las
unidades más pequeñas: las parroquias, que son
puntos fundamentales de convivencia. Además de su carácter
histórico (castrovila-feligresía) y de su operatividad
básica como unidad territorial, económica y social,
también la parroquia tiene aspectos fiscales y administrativos
a lo largo de este período histórico del Antiguo
Régimen. |
A finales
del siglo XVIII, la división territorial, local de Galicia,
estaba compuesto por coto cerrados y jurisdicciones que significan
lo mismo y se gobiernan del mismo modo, si bien se le da el nombre
de jurisdicción
a la que comprende más de una parroquia, y de coto a las que
solo tienen una, pero esta regla se ve infringida en muchos casos.
F.X. Río Barja, partiendo de la división territorial
hecha por Floridablanca dice que en Galicia en el siglo XVIII exitían
509 jurisdicciones y 155 cotos redondos.
La provincia
de Mondoñedo
con una extensión de 2.020 km. incluía tres núcleos de relativa
importancia como era la propia ciudad y las villas de Ribadeo y Vivero, 30 jurisdicciones
y 16 cotos redondos entre ellos está Santa María de Burela también
lo indica el catastro de Ensenada al afirmar que la feligresía y población
se llama Santa María de Burela, coto del mismo nombre.
A través de las
respuesta que se recogen en el "interrogatorio" que se lleva a cabo en las parroquias
para confeccionar el catastro o registro de fincas organizado por el Marqués
de la Ensenada, encontramos más datos que nos permiten acercarnos a la
realidad histórica de esta parroquia, sabemos que además de ser
coto es de señorío y que los dueños son D. Pedro Carlos
de Quiroga y D. Basilio Bolaño.
Este documento fija
la distancia del territorio "De levante a poniente un quarto de legua y de norte
a sur la octava parte de otra legua y de circunferencia legua y media...".
Sigue detallando
el número
de habitantes y su clasificación socio-profesional, al ofrecer una distribución
por hogares de las distintas actividades del cabeza de familia. En cuanto al
número de habitantes indica 116 más o menos y su clasificación
es la siguiente:
| Labradores |
14 |
| Taberneros |
1 |
| Tejedores |
7 |
| Herreros |
3 |
| carpinteros |
2 |
| Sastres |
4 |
| Zapateros |
2 |
| Marineros |
17 |
En la clasificación
no cuentan a las mujeres, ni el hecho de que en una familia pueda haber más
de un oficio; sólo cuenta el cabeza de familia pero nos sirve de aproximación.
Podemos apreciar que predominan los marineros y labradores por tanto la pesca
y la agricultura son la base de la economía de la época; les siguen
los sastres, pues había una incipiente industria textil con la existencia
de varios telares en la parroquia.
Sigue
el documento haciendo un exámen exhaustivo de la cantidad
y calidad de las tierras, el número
de ganado, de los frutos y el tipo de los impuestos que pagan entre los que
se cita: alcabala, sisa, el nuevo impuesto de la carne, etc. Otro
apartado lo dedica al diezmo que se paga al cabildo de Mondoñedo.
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Siglo XIX
Con la Constitución
de las Cortes de Cádiz (1812) se terminan las antiguas jurisdicciones
y señorias y surgen los nuevos ayuntamientos por Real Decreto del 23 de
julio de 1835. En las listas de los nuevos ayuntamientos de la provincia de Lugo,
que lleva fecha del 20 de noviembre de 1835, publicada por el Marqués
de Astariz en el B.O.P.L.U. (Boletín Oficial de la Provincia de Lugo)
n.º 163 del 22 de noviembre figuran dos ayuntamientos que son el de San
Ciprián y el de San Julián de Nois. Estos nuevos ayuntamientos
se constituyen uniendo parroquias que van a ser la unidad básica administrativa
y religiosa. El de San Ciprián comprende seis parroquias: Castelo, Cervo,
Lieiro, Rúa, Sargadelos y Villaestrofe. El de San Julián de Nois
comprendía la parroquia de Santa María de Burela. Quedan por tanto
seis parroquias de la antigua jurisdicción de San Ciprián y sólo
una que en el Antiguo Régimen fue coto cerrado (la de Burela) que ahora
pasa a formar parte de otro ayuntamiento nuevo (antes de 1812 sólo parroquia):
San Julián de Nois. Estos dos ayuntamientos duraron desde 1835 hasta que
se produjo la reforma de la división judicial y municipal de la provincia
de Lugo, que tuvo lugar por la circular de la Xunta del Gobierno provisional
de Lugo que lleva fecha de 9 de octubre de 1840 y fue publicada en el B.O.P.L.U.
n.º 88 del mismo mes en virtud de la cual se crea en el partido judicial
de Vivero el nuevo concejo de Cervo, se anexiona el anterior de San Ciprián
mientras que el de Nois desaparece. Este nuevo ayuntamiento de Cervo absorve
todas las parroquias del anterior de San Ciprián y recoge la parroquia
de Burela. Con las mismas parroquias figura en la relación publicada en
el B.O.P.L.U. n.º 30 (11.03.1845) donde se indica las cantidades con las
que debe contribuir cada ayuntamiento por la contribución de paja y utensilios
repartidos entre los ayuntamientos y parroquias: al ayuntamiento de Cervo le
corresponden un total de 4.352 rs. repartidos entre las siguientes parroquias
de Castelo, San Julián; Cervo, Santa María; Burela, Santa María;
Lieiro, Santa María; Rúa, Santa María; Sargadelos, Santiago;
Sargadelos, la fábrica; Villaestrofe, San Román.
A
Santa María de Burela le correspondía 548 vn.
El ayuntamiento de Cervo no sufre variaciones desde 1845 con referencia
a la superficie del término y en cuanto al número
de parroquias. Por tanto el origen de este nuevo municipio se remonta
al siglo pasado, año 1840. Desde este momento Cervo es la
capital político administrativa del ayuntamiento y su centro
geográfico.
Más datos sobre Burela del S.XIX vienen recogidos en el
diccionario geográfico-estadístico de 1845 de Pascual
Madoz. La describe como una feligresía de la provincia de
Lugo, diócesis de Mondoñedo, partido judicial de Vivero
y ayuntamiento de Cervo, comprende los lugares de Burela de Cabo,
Puerto, Vila do Medio y Vilar, reunen un grupito de casas de escasas
comodidades, tiene escuela costeada por los padres, sólo
una iglesia parroquial y el curato de entrada y su patronato pertenece
a la Casa de los Osorio y Bolaño de Silleiro y a la de Quindós
de Betanzos. Sigue describiendo los lindes y riachuelos que la atraviesan
y el tipo de suelos destacando el granito, que dio vida a las canteras
que existen en la parroquia, de donde salió la piedra para
construir edificios de renombre en la zona, como por ejemplo el
Santuario de Vilanova de Lourenzá. La infraestructura de
los caminos y carreteras, escasa y poco cuidada excepto la carretera
general que une las principales poblaciones. Entre los productos
agrícolas destaca el trigo, centeno, maíz, patatas,
habichuelas, lino, etc... Se cría ganado vacuno, lanar y
cabrío. Otras actividades son la caza y la pesca: sardina
y abadejo.
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Aspectos económicos
Entre las principales
fuentes de riqueza se encuentran: la pesca, la agricultura, la industria harinera
y los telares.
A
lo largo de la Edad Media y hasta el siglo XVIII la pesca de ballenas
fue una de las actividades económicas de mayor relieve
en Burela. El licenciado Molina hace una descripción clave
de la comarca y de su mar bravo que atrae a este tipo de cetáceos,
permitiendo su pesca y una importantísima industria, llegando
a alcanzar su mayor explendor en el siglo XVI. La pesca de la ballena
abastece de aceite o sain al mercado regional y también se
aprovecha la carne, especialmente la de las aletas. No se sabe con
exactitud cuando comienza en Burela este tipo de pesca, pero si
se conoce que en 1521 Carlos I concede la primera cédula
reguladora de esta clase de pesca a Galicia, prohibiendo la afluencia
de navios extranjeros, lo que ratifica en 1531. Está documentado
en 1527 los balleneros vascos declaran que vienen a Burela desde
tiempos muy antiguos. La realidad es que los vascos son los grandes
maestros en este arte y que a lo largo de la costa cantábrica
establecen compañías balleneras con la participación
de los hombres del mar. En 1641 se constituyó una de estas
sociedades en Burela, en la que participaban los pescadores y el
deán de Mondoñedo con cuatro lanchas, tres gallega
y una vizcaina para dedicarse a la pesca de la ballena, con un "facho
de vigilancia permanente" en San Ciprián montando guardia
en el tres labradores y un marcante al mando de un capitán.
La importancia económica queda reflejada en el cobro de alcabalas,
se calcula que llegan al puerto de Burela y San Ciprián unas
treinta ballenas anuales, lo que supone unos 3.000 ducados. Esta
actividad pesquera tiene importancia hasta finales del S. XVII pues
todavía en 1667 la renta del puerto de la Armanzón
es de 90 ducados, sin contar los 240 reales que suponen los provechosos
de cada media ala y 4.000 reales que produce el alquiler de las
casas del puerto donde viven los vascos (de las que son dueños
las familias Díaz de Ribadeneira y Pedro de Bolaño)
y la "dispensa" que sirve de refugio y almacén.
En
el siglo XVIII la importancia de la pesca de ballena blanca decrece
y una de las causas es la desaparición de esta especie
en las costas gallegas y que supone la ruina para la zona. Queda
plasmada esta situación en las declaraciones del párroco
D. Juan A. Vázquez Osorio, explicando las situación
caótica de las casas del puerto de Burela, comparándola
con la riqueza de épocas anteriores de gran explendor económico
y de la pobreza en que se encuentran los pescadores.
Ya
en 1745 el Capitán General de Galicia ordena restaurar
el " facho" (faro) de Ribadeo que descubre el del cabo
de Burela y el de Tapia, estos faros eran de vital importancia para
mantener una vigilancia.
En
los siglos XVIII-XIX las perspectivas económicas de
Burela son escasas. Los pescadores siguen siendo una clase pobre
al no poseer una infraestructura que les permita aprovechar las
riquezas del mar y no contar con redes comerciales. Otros inconvenientes
como la matriculación programada por Patiño y llevada
a cabo por Ensenada que otorga a los pescadores el monopolio del
mar con la obligación de prestar servicio en los buques de
guerra, lo que obliga a frecuentes levas (llevar a gente a la guerra)
y contribuyendo a la ruina de cercos y pesquerías. Las estadísticas
demuestran la decadencia de esta época: Burela contaba con
116 familias, 3 embarcaciones en 1750 y 6 en 1754. Este mismo panorama
se presenta al final del S.XIX, la ausencia prolongada de marineros
la disminución en la pesca de sardinas y su bajo precio no
permite ser muy optimista sobre un posible desarrollo que mejore
las condiciones del pescador gallego.
Otra
fuente de riqueza la constituyen las actividades agrícolas-ganaderas
que no se desarrollan más por la escasez de pastos y tierras
productivas. La economía familiar se complementa con la fabricación
de aparejos con destino a otros puerto y con el trabajo en telares
que permiten la existencia de pequeños negocios textiles.
Esta
situación de penuria dura todo el S. XIX pero una
vez desaparecido el señorio empieza una reactivación
económica. Aunque se cierran las reales fábricas en
1875, Burela continúa con la fabricación de caolines
locales que se embarcan rumbo a otros lugares de España,
además los pescadores se ayudan con la pesca de bajura mientras
que los labradores completan sus escasos ingresos con la extracción
de cuarzo o barro blanco de la Limosa. Asistimos también,
en esta época, de la apertura de la carretera que une Vivero
con Ribadeo, que termina con el aislamiento de esta amplia zona
costera.
Ya
en el S.XX se inaugura la fábrica de cerámica
Cucurny y las antiguas factorías de salazón se convierten
en fábricas de conserva de pescado, se empieza a necesitar
mano de obra.
También los inmigrantes ayudan construyendo una escuela
donde se imparte la enseñanza primaria. Se inicia la compra
de embarcaciones y se renuevan los sistemas de pesca sustituyendo
la vela por los nuevos medios mecánicos. En 1923 los pescadores
fundan el Pósito que va a tener tanta transcendencia para
el desarrollo del pueblo. Llevan a cabo iniciativas tan importantes
y necesarias como la construcci¢n de un muelle de abrigo que
se inicia en 1931 y la apertura del ferrocarril de la costa entre
Ferrol y Gijón inaugurado en 1972 aunque su proyecto se remonta
a 1893. Se generaliza la elecrificación parroquial, se instalan
aserraderos y se intensifica la exportación de puntal todas
estas obras atraen manos de obra a Burela que comienza a registrar
una constante inmigración de toda la comarca vecina.
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Patrimonio artístico
El patrimonio artístico
de Burela cuenta en su haber según los datos del Patrimonio Histórico-Artístico
con los castros, situados en una finca conocida como "Chao de Castro",
en la actualidad parcialmente urbanizado.
La
iglesia parroquial de Santa María de Burela (la antigua)
se localiza en "Vila do Medio" y tiene una nave rectangular
decorada en su interior con pinturas que representan escenas de
la vida del Señor: El Santo Entierro, La Flagelación,
etc... Aparecen otras pintura a la entrada que han sido fijadas
actualmente. Estas pinturas se caracterizan por un dibujo claro,
utilizando tonalidades ocres, rojos y blancos además de líneas
oscuras.
La
primitiva iglesia sufrió varias transformaciones: en
el siglo XVIII se contruyeron el previsterio y la sancristía
y se le añadió la capilla del Carmen a modo de nave
lateral, de manera que el conjunto arquitectónico queda equilibrado.
Esta
antigua iglesia estuvo abandonada durante años, encontrándose
en un estado lamentable, en ruinas, sin techos y por dentro llena
de todo tipo de vegetación. Actualemente ya se ha finalizado
la restauración de todo el conjunto gracias al esfuerzo del
párroco y un grupo de vecinos que han logrado rescatar esta
iglesia parroquial que durante tantos años presidió la
vida religiosa del lugar y fue testigo de la devoción de
los hombres del mar por su patrona la Virgen del Carmen, a la que
sacaban en procesión desde la iglesia hasta el puerto, acompañandola
con antorchas y al son de las múltiples sirenas de las embarcaciones,para
pasearla después por el mar.
Creo
que ha sido un gran acierto recuperar este monumento para la vida
del pueblo. Los trabajos de restauración han llegado
a su fin y todos pueden disfrutar de nuevo de ella. Alrededor de
la iglesia hay un atrio, antiguamente Madoz habla de un "cementerio
que se halla en el atrio y en nada perjudica a la salud pública".
En
Burela de Cabo se halla una capilla conocida como la de Santa Catalina
o de la Concepción que se cerró al culto
a fines del S.XVIII.
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Arquitectura civil
Cuenta Burela con
una casa Torre situada en Burela de Cabo y una casa señorial en Vilar.
En
el testamento de los dos hermanos Fernán Díaz
de Ribadeneira y Pedro de Bolaño vienen citados estos dos
edificios.
La
casa Torre le pertenecía a Fernán Díaz,
mientras el pazo de Vilar era de Pedro de Bolaño.
En
el S.XIX se tiene conocimiento de la existencia de dicha casa que
la siguen heredando hasta que doña María Josefa
Quiroga y Moscoso casada con Antonio Ribadeneira Acevedo la vende
a don José Sandino Miranda, al que sucede Ramona Miranda
y Mon, que a su vez la vende a Nicolás Díaz Sánchez.
Actualmente
en el mismo lugar se construyó un edificio
que sólo conserva el escudo, en el que lucen lar armas de
los Cabarcos y que se conoce como la casa del escudo.
Los
dueños del Pazo de Vilar descendían de Pedro
de Bolaño. Hoy los nuevos propietarios reconstruyeron la
casa aprovechando únicamente las paredes por encontrarse
el edificio totalmente en ruinas.
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Las pinturas de la iglesia de Vila do Medio
La denominada iglesia
de Vila do medio fue el primer templo parroquial de Burela, dejó de tener
culto en 1962 cuando se terminó de construir la moderna iglesia de Santa
María, mucho más céntrica y de mayores dimensiones adecuada
para las nuevas necesidades de una Burela en pleno crecimiento. Está situada
en el conocido barrio de Vila de Medio, una de las semillas que dieron origen
a nuestra vila. Tiene planta rectangular y cubierta a dos aguas con la estructera
interior de madera. A principios del S.XVIII se le efectúa una ampliación
y se añade una nave lateral según consta en una inscripción
donde se lee: "Reedificó esta mitad D. José Bolaño
Osorio, patrón de la parroquia...año 1719", también
la fachada principal de piedra y sillería así como el campanario
datan de ese siglo, la entrada tiene un arco adintelado con una ventana encima,
sobre ella la espadaña con tres vanos a los que se accede exteriormente
para tocas las campanas a través de unas escaleras de piedra adosada al
muro lateral. En el pavimento original a base de losas había dos lápidas
sepulcrales elegibles y también se conservan dos pilas agua bendita.
Las
pinturas murales que se encuentran en su interior formaban un conjunto
homogéneo y podrían haber decorado ambas
paredes laterales de la iglesia. Al llevar a cabo la ampliación
y añadir la mencionada nave lateral y la sancristía
se debieron destruir otras pinturas murales y ahora en su lugar
hay dos arcos de medio punto. Además estas pinturas fueron
olvidadas durante mucho tiempo debido al blanqueado con cal al que
también fueron sometidas muchas otras iglesias gallegas a
partir de finales del siglo XVI por razones fundamentalmente higiénicas,
justo a partir de esa fecha disminuirán las pinturas murales,
detalle que tendremos en cuenta en la datación de las pinturas
como veremos posteriormente.
Comenzando
con el análisis de las pinturas, observamos
en la primera impresión su factura estilística medieval,
desafortunadamente en uno de los laterales sólo se puede
apreciar claramente las escenas de tres paneles estando los otros
tres en tal mal estado que apenas se observan algunos detalles.
Son en total seis escenas de la vida de Jesucristo separadas y enmarcadas
con unas cenefas de motivos geométricos que las diferencias
entre sí pero forman en todo momento un conjunto homogéneo
en cuanto a estilo, composición, color y temática:
La Pasión de Cristo. Son las siguientes:
| 1. "Jesús ante
el Sanedrín", figura central rodeada de soldados
que podemos identificar como el proceso al que fue sometido
Jesús tras su prendimiento. |
| 2. "La flagelación",
resultado del proceso civil y religioso fue la flagelación
y la condena a muerte en la cruz, en esta escena se aprecia
una licencia artística dado que los soldados que flagelan
a Cristo aparecen vestidos prácticamente de cortesanos
renacentistas al igual que los de la escena anterior que aparecen
con yelmos y armas propias de la mencionada época. Jesús
atado a una columna presenta en su cuerpo las señales
de su sufrimiento con el llamado por Horacio "horrible
flagellum" representadas de forma simple pero efectista. |
| 3. "Santas Mujeres
ante el Sepulcro", aparecen tres mujeres que pudieran ser
María Magdalena, María de Santiago y Salóme
o en lugar de esta última, Juana, flanqueadas por un
joven en la cabecera del sepulcro y un anciano a los pies que
pudiera ser Juan y José de Arimatea. |
Suponemos
que el resto de los paneles continuarían la misma
línea representando la Pasión de Cristo con una finalidad
pedagógica elemental puesto que enseñaban a los fieles
que entonces no sabían leer, los milagros de la vida de Jesús.
En
el otro lateral de la iglesias se conserva otra escena al lado de
la puerta principal enmarcada también con una cenefa que
parece representar a:
| 4. "Jesús en
el Monte de los Olivos", aparecen unos soldados de la misma
factura que los de "Jesús ante el Sanedrín",
que aquí dada la representación de pequeños árboles
que bien pudieran ser olivos, tendría sentido que fuese
su precedente cronológico, es decir, Jesús en
el Monte de los Olivos. |
Los colores más utilizados son los azules, ocres y rojos
por lo que su gama cromática tal como hoy llega hasta nosotros
con las limitaciones de su mala conservación y del paso del
tiempo, es sencilla. El dibujo está cuidado con líneas
gruesas que delimitan y marcan las figuras.
La
composición de las distintas escenas responde a un estudio
previo, sirva como ejemplo el eje central de la columna a la que
está atado Jesús en la escena de la flagelación
o la práctica isocefalia de los personajes en la representación
de las Mujeres ante el Sepulcro. La perspectiva no le interesa al
pintor cuando perjudica la mejor visión y compresión
del tema que plasma, así en el cuerpo de Cristo de la escena
de las Mujeres ante el Sepulcro. No obstante, consigue una sensación
de profundidad en la escena de Jesús ante el Sanedrín
al poner un soldado de espaldas al espectador y con las lanzas.
Las
figuras presentan una inexpresividad reposada común,
en lo que se respecta a su tamaño se respeta sumariamente
el canón humano real en todas. Al enmarcar las escenas con
cenefas de motivos geométricos variados, quedan muy delimitadas
y aisladas dándoles también cierto arcaismo.
En
cuanto a la localización de las pinturas en el templo,
responde a criterios fundamentalmente didácticos, como ya
comentábamos, de forma que las escenas van por orden cronológico
desde la entrada de la iglesia hacia el altar.
Para
concluir con el análisis estilístico reconocemos
que son obra del mismo pintor o maestro por su unidad formal y por
ser un conjunto homogéneo.
La
datación de las pinturas de la iglesia de Vila do Medio
supone una reflexión sobre todos los elementos que las componen
dada la ausencia de documentos donde se especifique exactamente
la época en que fueron realizadas. Según opina García
Iglesias existen gran número de conjuntos pictóricos
murales datados entorno al 1500 con criterios absolutamente góticos
e incluso en la primera mitad del siglo XVI hai pinturas murales
gallegas de raices góticas. Sin embargo, de los siglos XIII-XIV
existen pocos ejemplos debido sobre todo a los revoques o repintados
que se hacían en las iglesias por su desgaste. Otra referencia
importante para datar estas pinturas es la constatación de
que a finales del S.XIV se blanquearon con cal numerosas iglesias
por razones profilácticas (evitar la propagación de
las pestes) y se dejó de decorar con pinturas murales para
pasar a utilizar retablos. Señalamos, entonces, que la pintura
gótica en Galicia es relativamente abundante, que su medio
favorito era el mural y que continuaron sus características
formales hasta el S.XVI, por eso, aún en pinturas del S.XVI
e incluso del siglo SVII se observa una calidad inferior y una tendencia
al arcaismo poco acorde con el estilo pictórico vigente en
los grandes núcleos artísticos, y más si se
trata de focos o pintores locales.
Sin
querer establecer paralelismo recordemos que en esta zona de la
mariña luguesa existen unas espléndidas pinturas
en San Martiño de Mondoñedo datadas en torno al 1500
y que también en algunos casos están enmarcadas por
cenefas de motivos geométricos e inscripciones.
A
través del vestuario de los personajes que aparecen en
las pinturas también observamos que los trajes a base de
mallas finas, faldellines y sombreros de tipo italiano que llevan
los hombres así como los yelmos y armas de los soldados son
típicas del Renacimiento (S.XVI). Por otra parte, en la escena
de Jesús ante el Sanedrín hay unas inscripciones pintadas
semejantes al alfabeto gótico de miniaturas de los siglos
XV y XVI, es una lástima que en el pequeño trozo que
se conserva de esta escritura no se aprecie alguna inicial que nos
podrá indicar una época más concreta según
fuese su ornamentación y tamaño.
Finalmente
concluimos encuadrando las pinturas murales de la iglesia de Vila
do Medio entre los siglos XVI y XVII según los razonamientos
expuestos anteriormente y dadas sus características estilísticas.
Así hablaríamos de un Gótico tardío
que mantiene una factura arcaica/medieval tanto en composición,
colorido, etc. lo que dada la situación de Burela en aquellos
tiempos, alejada de los centros artísticos gallegos importantes,
a excepción de San Martiño de Mondoñedo, podría
tratarse de una muestra de la perduración de la pintura mural
rural a través del tiempo o que el artista se basase en modelos
anticuados.
Termino
expresando mis elogios a los vecinos de Burela que trabajaron para
hacer posible la recuperación de esta hermosa iglesia
y de sus singulares pinturas murales, cuya tarea concluyó en
su reinauguración en marzo de 1994 por lo que actualmente
se encuentra en excelentes condiciones y es digna de ser visitada
e incluida entre las principales obras artísticas ubicadas
en la Mariña Luguesa.
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El torques en Burela y nuestro pasado
Su hallazgo en
1945 está rodeado de anécdotas curiosas porque el afortunado que
casualmente encontró el Torques desconocía el valor histórico
y la importancia que tendría esta joya tanto para el conocimiento de la
historia de un pueblo: Burela, como para el mundo de la arqueología y
concretamente de la orfebrería prehistórica.
Todos sabemos que
un torques es un adorno de cuello o collar rígido
de los griegos y también los romanos consideraban característico
de los pueblos bárbaros (europeos y asiáticos) que
lo utilizaban como un símbolo de determinados guerreros o
personajes importantes dentro de una determinada sociedad e incluso
como distintivo de los dioses o divinidad. Sin embargo, en el Noroeste
peninsular dentro de la denominada Cultura Castrexa, desarrolló una
morfología distintiva e independiente de otros torques foráneos.
El de Burela es un ejemplo de Torques áureo castrexo compuesto
por una varilla decorada con alambres enrollados en sus dos tercios
inferiores y filigrana en forma de ochos entrelazados en la parte
central externa y terminados con unos remates volumétricos.
En cuanto a su uso
o función podemos decir que en esta
Cultura parece ser utilizado por varones de un determinado rango
social aunque el de Burela debido a su excepcional peso (1.800 gramos)
y dimensiones, parece más bien que estaría destinado
a otra finalidad, bien fuese como ofrenda, como una joya votiva
o como símbolo de poder usado en contadas ocasiones por las
personas más representativas de la comunidad (como es el
caso de las coronas reales a lo largo de la historia).
Lo que también trasciende de nuestro torques es la confirmación
de la existencia de un asentamiento prerromano en Burela concretamente
en la zona de su hallazgo (Chao de Castro) cuyo topónimo
es asimismo identificativo puesto que señalaría la
existencia de un castro, típico recinto fortificado de forma
oval o circular donde vivían nuestros antepasados antes y
también después de la llegada de los romanos (que
conquistaron definitivamente el territorio septentrional en el año
19 antes de Cristo), esta teoría se vería reforzada
porque en los municipios vecinos de Cervo, Foz y Xove también
hay varios castros. Y con esta información quedaría
demostrada para iluminación de muchos, que Burela tiene un
pasado remoto y una historia antigua de las que desgraciadamente
no hay testimonios gráficos o documentales pero si arqueológicos:
el torques y la arracada, de esta última aprovecho para señalar
que es asimismo una verdadera joya puesto que en sus dos escasos
centímetros de alto y ancho se condensan unas técnicas
de ejecución y decoración realmente complicadas y
artísticas propias del savoir faire de un orfebre de gran
pericia. La arracada, que apareció en Burela en 1954 es un
pequeño pendiente áureo de forma arriñonada
que las mujeres llevaban pinzado en el lóbulo de la oreja.
El hecho de que
estos dos adornos de oro llegaran hasta nosotros desde tiempos tan
antiguos (la arracada se data en el siglo II d.C. y el torques entre
los siglos III y II a.C.), constata además
que existió un asentamiento o poblado prerromano donde sus
moradores o habitantes gustaban del adorno personal. La indudable
importancia de estas piezas también viene dada por el material
empleado en su fabricación: oro de gran pureza, lo que quizá podría
afirmar la riqueza o el poder de dicha comunidad.
Realmente es lamentable
que al tratarse de hallazgos casuales y descontextualizados no se
haya podido hacer ningún tipo
de prospección arqueológica en el lugar y momento
de su aparición puesto que nos hubieran proporcionado mucha
información adicional tanto sobre las propias joyas como
de las gentes que las llevaban porque el hecho de que apareciesen
en una tumba formando parte de un ajuar funerario o con otras piezas
a modo de tesorillo escondido en un determinado momento de peligro
o en una estructura tipo vivienda, etc.., aclararían muchos
de los interrogantes que nos plantemos a la hora de contextualizar
ambas piezas. Con todo, los objetos áureos de la Antigüedad
establecían diferencias sociales, tenían carácter
apotropaico (de protección o amuleto) y connotaciones mágico-religiosas
(asociado a la divinidad) además de su valor intrínseco
como adorno.
Finalizamos señalando
que el oro fue uno de los primeros metales, junto con el cobre,
que el hombre empezó a valorar
y trabajar ya en el III milenio antes de Cristo, incluso hoy en
día es un patrón económico y de él nos
quedan testimonios en las fuentes literarias antiguas (Estrabón,
Plinio...) que menciona la riqueza aurífera del Noroeste
y la rica orfebrería que actualmente conservamos es un claro
indicio de ello, siendo el torques y la arracada de Burela dos valiosísimos
ejemplos.
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El Hórreo en Burela
El hórreo
puede considerarse una de las construcciones más características
de la arquitectura popular gallega porque forma parte de nuestro paisaje y de
nuestras costumbres. Su aparición se remonta a épocas muy remotas
puesto que nace como almacén/granero de cereales; luego, con la introducción
del maíz en nuestra agricultura (S.XVII), pasa a utilizarse fundamentalmente
para esta gramínea.
Hasta
hace poco la economía de subsistencia de las zonas
costeras gallegas como Burela combinaba la agricultura con la pesca,
tanto de forma estacional como continua. Por tanto, los hórreos
conservados en Burela son una muestra de la economía rural
hasta el siglo actual puesto que todavía se siguen construyendo
hórreos aunque ya con unos criterios y materiales distintos
a los más antiguos, y ello es debido a su función
como almacén de determinados productos que garantizaba su
reserva para el consumo cotidiano durante todo el año, pero
además la dieta alimenticia se complementaba con otros sectores
como la pesca, documentada en Burela desde época medieval
debido a la riqueza pesquera de nuestra costa. Hasta hace poco la
economía de subsistencia de las zonas costeras gallegas como
Burela combinaba como ya mencionamos, la agricultura con la pesca,
tanto de forma estacional como continua, por eso es normal que los
hórreos se ubiquen incluso cerca del mar y siempre alrededor
de las casas o eras situándose en busca del viento para que
estuviesen bien aireados, y cercanos a las viviendas.
Su
estructura es el resultado de su uso como granero: es alto y estrecho
para aislarlo del suelo y de los roedores y facilitar su ventilación para que el contenido permanezca seco. El
hórreo rectangular a dos aguas es el más típico
de Galicia y se diferencia del cabazo, aunque en algunas zonas se
utilizaba ambos términos como sinónimos. En cuanto
al material constructivo predomina la piedra pero en la Mariña
Lucense se combina con la madera, material este más utilizado
también en la Edad Media hasta el S.XVIII cuando empiezan
a aparecer ya integramente de piedra en algunas zonas.
Algunos
además tienen algún detalle decorativo como
los remates en forma de cruz, que parecen provenir de la época
de los suevos, pináculos o relieves indicativos de sus propietarios
y la fecha de construcción.
En
Burela son característicos los de madera con estructura
de piedra (también denominados hórreos mixtos) de
los cuales tenemos bastantes ejemplos a pesar de que el granito
no abunda tanto como en el sur de Galicia donde son integramente
de piedra, y, en general, se integran en los hórreos típicos
de la Mariña Lucense, que suelen ser altos, estrechos, cortos
y generalmente pequeños, con "penais" de piedra.
En otros lugares como Ribadeo o Mondoñedo ya cambia la tipología
estableciéndose unos modelos específicos para cada
zona.
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