Evolución histórica
     Los primeros indicios de poblamiento en los límites de la parroquia corresponden a un castro situado en la parte extrema del cabo, en un pequeño alto, muy cerca del mar. Estos castros marítimos suelen emplazarse en zonas estratégicas tanto por su defensa como para beneficiarse de la riqueza marítima que le permitía una fácil subsistencia. En este caso, el litoral ofrece abundante pesca y marisco, además es un lugar estratégico desde donde se divisa toda la costa. Como queda dicho anteriormente, la situación llana permite la entrada fácil de población y un lugar adecuado para su asentamiento.

     La población castreña ha dejado su huella en los instrumentos encontrados en un finca llamada "Chao de castro". Nos referimos a la arracada y al torques de Burela. El torques, que actualmente se encuentra en el museo procincial de Lugo, es una pieza de oro de 23 quilates formada por una gruesa varilla en el centro y romboidal en los bordes, sus extremos se rematan con "doble tronco de cono". Es una de las piezas maestras de la orfebrería castraña por sus proporciones, equilibrio y realización.

Muy cerca del castro encontramos un "vilaris" y una villa que corresponde a la época de la romanización de Galicia. Este pequeño poblamiento va a dar origen a una feligresía rural compuesta por distintos lugares y se erige en parroquia, bajo la protección de Santa María cuando la diócesis tenía su sede en San Martín de Mondoñedo. Esta diócesis tiene si origen en el año 866 y se formó a partir del antiguo obispado de Bretoña, los obispos residieron habitualmente en San Martín, hasta que en el s. XII la sede fur trasladada a Villa Mayor de Brea (actualmente Mondoñedo). Cuando la sede se traslada a Mondoñedo, se habían erigido en parroquis la mayoría de las hoy existentes en la zona costera de la provincia de Lugo. La evolución histórica castro-vila-parroquia, que acabamos de describir en Burela, es frecuente en toda Galicia.

     La geografía de la diócesis sufrió algunas modificaciones a consecuencia del pleito que en el s. XII mantuvieron el arzobispo de Santiago y el obispo mindoniense. Una vez acabado el pleito, D. Nuño quiso arreglar los bienes de su iglesia e hizo un convento con el conde D. Rodrigo de Vela por el cual dividieron las parroquias pertenecientes a uno y otro. Esta división queda confirmada por el rey Alfonso VII al declarar a Santa María de Burela territorio realengo otorgado a D. Nuño. Para designar la divisoria entra Cangas y Burela se halla la palabra "torrentes", actualmente la zona más cercana a la parroquia de Cangas se denomina Torrentes. Aunque vemos que en Burela existía con anterioridad al s. XIII es en este momento cuando se delimitael territorio que le corresponde a la parroquia, este hecho viene recogido en un pergamino existente en los archivos de la Real Academia de la Historia, cuando el obispo D. Juan Sebastianes y D. Rodrigo Gómez otorgan "carta de población" a quienes donan la mitad del monte de la Rúa estableciendo los tributos que habían de pagar con arreglo al fuero de Benavente. Esta carta-puebla es el documento que contiene el repartimiento de tierras, derechos y deberes que se concedían a los pobladores del sitio, quedando fundado el pueblo. Esta fundación está fechada en febrero de 1250 considerándola como la primera noticia de este lugar.

     En 1258, el obispo Sebastianes con el deán y cabildo de Mondoñedo aforan los bienes que legados por el arcediano de Azumara, Pedro Pérez, se conoce en los siglos posteriores como la "Sucesión de Burela". Estos bienes radican en las parroquias de la Devesa, Fazouro, Burela, Cervo, Lieiro, Portocelo, Sumoas y Celeiro. En concreto se aforan, además de otros bienes, la mitad de la iglesia de Santa María de Burela. A partir de 1352 la sucesión lleva unido el derecho de presentación que es causa del asentamiento de nobles familias en los términos de la demarcación parroquial. Por los bienes de la "Sucesión de Burela" Pedro Bolaño pleitea con el cabildo de Mondoñedo, pues éste defiende su pertenencia a Martín Vazquez de Vaamonde. El pleito es perdido por Pedro Bolaño que es obligado a abandonar los bienes de la Sucesión. A pesar de todo sigue manteniendo posesiones en el término de Burela tal como indica su testamento.

     Su parroquial Santa María del Rosario de Burela perteneció al patronato de los Osorios y Bolaño de Celeiro y de Herbes en Betanzos. El derecho de patronato consiste en una serie de privilegios que la iglesia concede a los fundadores de un lugar sagrado y a sus sucesores, estos privilegios son el derecho de presentación, el de preferencia honorífica y en caso de indigencia el de alimentación. Estos privilegios son los que los dos hijos de Alonso Vázquez de Cabarcos dicen poseer en la parroquia de Santa María de Burela, aunque Pedro de Bolaño los reclama en exclusiva. Transcurre pacificamente el ejercicio del derecho de presentación parroquial hasta que en 1740 Pedro Carlos Quiroga Lemos y Miranda, regisdor de las ciudades de Coruña y Mondoñedo los reclama como descendientes de Fernán Díaz de Ribadeneira. Pedro Carlos, además de dueño de la casa y pazo de Herbes es señor de las jurisdicciones de Soñar, Sésamo, Angueiros y Burela. A la reclamción de Pedro Carlos se opone Basilio Osorio. El pleito es largo y no termina hasta que Carlos III en 1770 mediante una Real Cédula establece turno y alternativa en las vacantes de dicho beneficio de Burela.

     El pleito es más por motivos vanidosos que por otras causas pues el valor económico es escaso.

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Siglo XVI
     En 1593 Felipe II incorpora a la Corona Real la jurisdicción del coto redondo de Santa María de Burela y concede una carta privilegio a favor del obispo de Mondoñedo de 1502 maravedies de juro perpetuo. Asíla feligresía de Burela queda separada del dominio del obispo que ha de cobrar la cantidad fijada según tasación hecha por Hernán Sánchez de la Mata al cargo de las alcabalas de la carne de la ciudad de Mondoñedo. El rey Felipe II tiene autorización, concedida por Gregorio XIII, para desmembrar o vender cualquier villa, lugar, fortaleza, jurisdicción, vasallos y rentas perteneciente a una iglesia o lugar siempre que el valor de la renta no exceda los 40.000 ducados.

     Al obispo de Mondoñedo sólo le quedan en Burela los diezmos de pan, vino, aceite, ganados y otros frutos, dejando de pertenecerle vasallos, jurisdicción civil y criminal y el resto de las rentas jurisdiccionales. La jurisdicción lleva consigo el poder nombrar los miembros de la justicia, funcionarios municipales y elección de escribanos. Al ser esta parroquia muy reducida territorialmente poco supone económicamente pero si que ayuda al prestigio socio-económico del mayorazgo basado en los bienes vinculares que están libres de confiscación.

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Siglos XVII-XVIII
     Desde comienzos del S.XVII hasta 1834 el reino de Galicia se componía de siete provincias: Santiago, Lugo, Orense, Mondoñedo, Betanzos, La Coruña y Tuy. La palabra provincia tenía en los siglos XVI-XVIII un significado diferente del que tiene en la actualidad. Las provincias en el Antiguo Régimen tenían funciones reducidas y no rompían la unidad del país. Galicia integrada en la Corona de Castilla, aparecía como un reino y se la veía como una unidad. Las provincias existían únicamente como marco de distribución de cargas fiscales o de reparto de levas y en el interior de cada provincia se distribuía entre casa jurisdicción o coto. En realidad, el marco administrativo que percibían los gallegos de los siglos XVI-XVIII era ante todo el de coto jurisdicción. El origen de estos cotos y jurisdicciones tenemos que buscarlo en la Edad Media, en los cotos de las iglesias y conventos. En cuanto a las jurisdicciones de los señores, en los territorios que iban adquiriendo por herencia, donación, compra o contrato y que ellos mismos regían y administraban como autoridad propia, pues la jurisdicción lleva consigo el nombramiento de los miembros de justicia y los funcionarios municipales que convienen además de la elección de escribanos.Por tanto, la división territorial y de gobierno de Galicia era la siguiente:

1. Una provincia-reino.
2. Siete pronvincias como ámbitos territoriales de representación.
3. Una subdivisión provincial en jurisdicciones y cotos redondos que a su vez están compuestos por las unidades más pequeñas: las parroquias, que son puntos fundamentales de convivencia. Además de su carácter histórico (castrovila-feligresía) y de su operatividad básica como unidad territorial, económica y social, también la parroquia tiene aspectos fiscales y administrativos a lo largo de este período histórico del Antiguo Régimen.

     A finales del siglo XVIII, la división territorial, local de Galicia, estaba compuesto por coto cerrados y jurisdicciones que significan lo mismo y se gobiernan del mismo modo, si bien se le da el nombre de jurisdicción a la que comprende más de una parroquia, y de coto a las que solo tienen una, pero esta regla se ve infringida en muchos casos. F.X. Río Barja, partiendo de la división territorial hecha por Floridablanca dice que en Galicia en el siglo XVIII exitían 509 jurisdicciones y 155 cotos redondos.

     La provincia de Mondoñedo con una extensión de 2.020 km. incluía tres núcleos de relativa importancia como era la propia ciudad y las villas de Ribadeo y Vivero, 30 jurisdicciones y 16 cotos redondos entre ellos está Santa María de Burela también lo indica el catastro de Ensenada al afirmar que la feligresía y población se llama Santa María de Burela, coto del mismo nombre.

     A través de las respuesta que se recogen en el "interrogatorio" que se lleva a cabo en las parroquias para confeccionar el catastro o registro de fincas organizado por el Marqués de la Ensenada, encontramos más datos que nos permiten acercarnos a la realidad histórica de esta parroquia, sabemos que además de ser coto es de señorío y que los dueños son D. Pedro Carlos de Quiroga y D. Basilio Bolaño.

     Este documento fija la distancia del territorio "De levante a poniente un quarto de legua y de norte a sur la octava parte de otra legua y de circunferencia legua y media...".

     Sigue detallando el número de habitantes y su clasificación socio-profesional, al ofrecer una distribución por hogares de las distintas actividades del cabeza de familia. En cuanto al número de habitantes indica 116 más o menos y su clasificación es la siguiente:

Labradores
14
Taberneros
1
Tejedores
7
Herreros
3
carpinteros
2
Sastres
4
Zapateros
2
Marineros
17

     En la clasificación no cuentan a las mujeres, ni el hecho de que en una familia pueda haber más de un oficio; sólo cuenta el cabeza de familia pero nos sirve de aproximación. Podemos apreciar que predominan los marineros y labradores por tanto la pesca y la agricultura son la base de la economía de la época; les siguen los sastres, pues había una incipiente industria textil con la existencia de varios telares en la parroquia.

     Sigue el documento haciendo un exámen exhaustivo de la cantidad y calidad de las tierras, el número de ganado, de los frutos y el tipo de los impuestos que pagan entre los que se cita: alcabala, sisa, el nuevo impuesto de la carne, etc. Otro apartado lo dedica al diezmo que se paga al cabildo de Mondoñedo.

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Siglo XIX
     Con la Constitución de las Cortes de Cádiz (1812) se terminan las antiguas jurisdicciones y señorias y surgen los nuevos ayuntamientos por Real Decreto del 23 de julio de 1835. En las listas de los nuevos ayuntamientos de la provincia de Lugo, que lleva fecha del 20 de noviembre de 1835, publicada por el Marqués de Astariz en el B.O.P.L.U. (Boletín Oficial de la Provincia de Lugo) n.º 163 del 22 de noviembre figuran dos ayuntamientos que son el de San Ciprián y el de San Julián de Nois. Estos nuevos ayuntamientos se constituyen uniendo parroquias que van a ser la unidad básica administrativa y religiosa. El de San Ciprián comprende seis parroquias: Castelo, Cervo, Lieiro, Rúa, Sargadelos y Villaestrofe. El de San Julián de Nois comprendía la parroquia de Santa María de Burela. Quedan por tanto seis parroquias de la antigua jurisdicción de San Ciprián y sólo una que en el Antiguo Régimen fue coto cerrado (la de Burela) que ahora pasa a formar parte de otro ayuntamiento nuevo (antes de 1812 sólo parroquia): San Julián de Nois. Estos dos ayuntamientos duraron desde 1835 hasta que se produjo la reforma de la división judicial y municipal de la provincia de Lugo, que tuvo lugar por la circular de la Xunta del Gobierno provisional de Lugo que lleva fecha de 9 de octubre de 1840 y fue publicada en el B.O.P.L.U. n.º 88 del mismo mes en virtud de la cual se crea en el partido judicial de Vivero el nuevo concejo de Cervo, se anexiona el anterior de San Ciprián mientras que el de Nois desaparece. Este nuevo ayuntamiento de Cervo absorve todas las parroquias del anterior de San Ciprián y recoge la parroquia de Burela. Con las mismas parroquias figura en la relación publicada en el B.O.P.L.U. n.º 30 (11.03.1845) donde se indica las cantidades con las que debe contribuir cada ayuntamiento por la contribución de paja y utensilios repartidos entre los ayuntamientos y parroquias: al ayuntamiento de Cervo le corresponden un total de 4.352 rs. repartidos entre las siguientes parroquias de Castelo, San Julián; Cervo, Santa María; Burela, Santa María; Lieiro, Santa María; Rúa, Santa María; Sargadelos, Santiago; Sargadelos, la fábrica; Villaestrofe, San Román.

     A Santa María de Burela le correspondía 548 vn. El ayuntamiento de Cervo no sufre variaciones desde 1845 con referencia a la superficie del término y en cuanto al número de parroquias. Por tanto el origen de este nuevo municipio se remonta al siglo pasado, año 1840. Desde este momento Cervo es la capital político administrativa del ayuntamiento y su centro geográfico.

     Más datos sobre Burela del S.XIX vienen recogidos en el diccionario geográfico-estadístico de 1845 de Pascual Madoz. La describe como una feligresía de la provincia de Lugo, diócesis de Mondoñedo, partido judicial de Vivero y ayuntamiento de Cervo, comprende los lugares de Burela de Cabo, Puerto, Vila do Medio y Vilar, reunen un grupito de casas de escasas comodidades, tiene escuela costeada por los padres, sólo una iglesia parroquial y el curato de entrada y su patronato pertenece a la Casa de los Osorio y Bolaño de Silleiro y a la de Quindós de Betanzos. Sigue describiendo los lindes y riachuelos que la atraviesan y el tipo de suelos destacando el granito, que dio vida a las canteras que existen en la parroquia, de donde salió la piedra para construir edificios de renombre en la zona, como por ejemplo el Santuario de Vilanova de Lourenzá. La infraestructura de los caminos y carreteras, escasa y poco cuidada excepto la carretera general que une las principales poblaciones. Entre los productos agrícolas destaca el trigo, centeno, maíz, patatas, habichuelas, lino, etc... Se cría ganado vacuno, lanar y cabrío. Otras actividades son la caza y la pesca: sardina y abadejo.

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Aspectos económicos
     Entre las principales fuentes de riqueza se encuentran: la pesca, la agricultura, la industria harinera y los telares.

     A lo largo de la Edad Media y hasta el siglo XVIII la pesca de ballenas fue una de las actividades económicas de mayor relieve en Burela. El licenciado Molina hace una descripción clave de la comarca y de su mar bravo que atrae a este tipo de cetáceos, permitiendo su pesca y una importantísima industria, llegando a alcanzar su mayor explendor en el siglo XVI. La pesca de la ballena abastece de aceite o sain al mercado regional y también se aprovecha la carne, especialmente la de las aletas. No se sabe con exactitud cuando comienza en Burela este tipo de pesca, pero si se conoce que en 1521 Carlos I concede la primera cédula reguladora de esta clase de pesca a Galicia, prohibiendo la afluencia de navios extranjeros, lo que ratifica en 1531. Está documentado en 1527 los balleneros vascos declaran que vienen a Burela desde tiempos muy antiguos. La realidad es que los vascos son los grandes maestros en este arte y que a lo largo de la costa cantábrica establecen compañías balleneras con la participación de los hombres del mar. En 1641 se constituyó una de estas sociedades en Burela, en la que participaban los pescadores y el deán de Mondoñedo con cuatro lanchas, tres gallega y una vizcaina para dedicarse a la pesca de la ballena, con un "facho de vigilancia permanente" en San Ciprián montando guardia en el tres labradores y un marcante al mando de un capitán. La importancia económica queda reflejada en el cobro de alcabalas, se calcula que llegan al puerto de Burela y San Ciprián unas treinta ballenas anuales, lo que supone unos 3.000 ducados. Esta actividad pesquera tiene importancia hasta finales del S. XVII pues todavía en 1667 la renta del puerto de la Armanzón es de 90 ducados, sin contar los 240 reales que suponen los provechosos de cada media ala y 4.000 reales que produce el alquiler de las casas del puerto donde viven los vascos (de las que son dueños las familias Díaz de Ribadeneira y Pedro de Bolaño) y la "dispensa" que sirve de refugio y almacén.

     En el siglo XVIII la importancia de la pesca de ballena blanca decrece y una de las causas es la desaparición de esta especie en las costas gallegas y que supone la ruina para la zona. Queda plasmada esta situación en las declaraciones del párroco D. Juan A. Vázquez Osorio, explicando las situación caótica de las casas del puerto de Burela, comparándola con la riqueza de épocas anteriores de gran explendor económico y de la pobreza en que se encuentran los pescadores.

     Ya en 1745 el Capitán General de Galicia ordena restaurar el " facho" (faro) de Ribadeo que descubre el del cabo de Burela y el de Tapia, estos faros eran de vital importancia para mantener una vigilancia.

     En los siglos XVIII-XIX las perspectivas económicas de Burela son escasas. Los pescadores siguen siendo una clase pobre al no poseer una infraestructura que les permita aprovechar las riquezas del mar y no contar con redes comerciales. Otros inconvenientes como la matriculación programada por Patiño y llevada a cabo por Ensenada que otorga a los pescadores el monopolio del mar con la obligación de prestar servicio en los buques de guerra, lo que obliga a frecuentes levas (llevar a gente a la guerra) y contribuyendo a la ruina de cercos y pesquerías. Las estadísticas demuestran la decadencia de esta época: Burela contaba con 116 familias, 3 embarcaciones en 1750 y 6 en 1754. Este mismo panorama se presenta al final del S.XIX, la ausencia prolongada de marineros la disminución en la pesca de sardinas y su bajo precio no permite ser muy optimista sobre un posible desarrollo que mejore las condiciones del pescador gallego.

     Otra fuente de riqueza la constituyen las actividades agrícolas-ganaderas que no se desarrollan más por la escasez de pastos y tierras productivas. La economía familiar se complementa con la fabricación de aparejos con destino a otros puerto y con el trabajo en telares que permiten la existencia de pequeños negocios textiles.

     Esta situación de penuria dura todo el S. XIX pero una vez desaparecido el señorio empieza una reactivación económica. Aunque se cierran las reales fábricas en 1875, Burela continúa con la fabricación de caolines locales que se embarcan rumbo a otros lugares de España, además los pescadores se ayudan con la pesca de bajura mientras que los labradores completan sus escasos ingresos con la extracción de cuarzo o barro blanco de la Limosa. Asistimos también, en esta época, de la apertura de la carretera que une Vivero con Ribadeo, que termina con el aislamiento de esta amplia zona costera.

     Ya en el S.XX se inaugura la fábrica de cerámica Cucurny y las antiguas factorías de salazón se convierten en fábricas de conserva de pescado, se empieza a necesitar mano de obra.

     También los inmigrantes ayudan construyendo una escuela donde se imparte la enseñanza primaria. Se inicia la compra de embarcaciones y se renuevan los sistemas de pesca sustituyendo la vela por los nuevos medios mecánicos. En 1923 los pescadores fundan el Pósito que va a tener tanta transcendencia para el desarrollo del pueblo. Llevan a cabo iniciativas tan importantes y necesarias como la construcci¢n de un muelle de abrigo que se inicia en 1931 y la apertura del ferrocarril de la costa entre Ferrol y Gijón inaugurado en 1972 aunque su proyecto se remonta a 1893. Se generaliza la elecrificación parroquial, se instalan aserraderos y se intensifica la exportación de puntal todas estas obras atraen manos de obra a Burela que comienza a registrar una constante inmigración de toda la comarca vecina.

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Patrimonio artístico
     El patrimonio artístico de Burela cuenta en su haber según los datos del Patrimonio Histórico-Artístico con los castros, situados en una finca conocida como "Chao de Castro", en la actualidad parcialmente urbanizado.

     La iglesia parroquial de Santa María de Burela (la antigua) se localiza en "Vila do Medio" y tiene una nave rectangular decorada en su interior con pinturas que representan escenas de la vida del Señor: El Santo Entierro, La Flagelación, etc... Aparecen otras pintura a la entrada que han sido fijadas actualmente. Estas pinturas se caracterizan por un dibujo claro, utilizando tonalidades ocres, rojos y blancos además de líneas oscuras.

     La primitiva iglesia sufrió varias transformaciones: en el siglo XVIII se contruyeron el previsterio y la sancristía y se le añadió la capilla del Carmen a modo de nave lateral, de manera que el conjunto arquitectónico queda equilibrado.

     Esta antigua iglesia estuvo abandonada durante años, encontrándose en un estado lamentable, en ruinas, sin techos y por dentro llena de todo tipo de vegetación. Actualemente ya se ha finalizado la restauración de todo el conjunto gracias al esfuerzo del párroco y un grupo de vecinos que han logrado rescatar esta iglesia parroquial que durante tantos años presidió la vida religiosa del lugar y fue testigo de la devoción de los hombres del mar por su patrona la Virgen del Carmen, a la que sacaban en procesión desde la iglesia hasta el puerto, acompañandola con antorchas y al son de las múltiples sirenas de las embarcaciones,para pasearla después por el mar.

     Creo que ha sido un gran acierto recuperar este monumento para la vida del pueblo. Los trabajos de restauración han llegado a su fin y todos pueden disfrutar de nuevo de ella. Alrededor de la iglesia hay un atrio, antiguamente Madoz habla de un "cementerio que se halla en el atrio y en nada perjudica a la salud pública".

     En Burela de Cabo se halla una capilla conocida como la de Santa Catalina o de la Concepción que se cerró al culto a fines del S.XVIII.

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Arquitectura civil
     Cuenta Burela con una casa Torre situada en Burela de Cabo y una casa señorial en Vilar.

     En el testamento de los dos hermanos Fernán Díaz de Ribadeneira y Pedro de Bolaño vienen citados estos dos edificios.

     La casa Torre le pertenecía a Fernán Díaz, mientras el pazo de Vilar era de Pedro de Bolaño.

     En el S.XIX se tiene conocimiento de la existencia de dicha casa que la siguen heredando hasta que doña María Josefa Quiroga y Moscoso casada con Antonio Ribadeneira Acevedo la vende a don José Sandino Miranda, al que sucede Ramona Miranda y Mon, que a su vez la vende a Nicolás Díaz Sánchez.

     Actualmente en el mismo lugar se construyó un edificio que sólo conserva el escudo, en el que lucen lar armas de los Cabarcos y que se conoce como la casa del escudo.

     Los dueños del Pazo de Vilar descendían de Pedro de Bolaño. Hoy los nuevos propietarios reconstruyeron la casa aprovechando únicamente las paredes por encontrarse el edificio totalmente en ruinas.

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Las pinturas de la iglesia de Vila do Medio
     La denominada iglesia de Vila do medio fue el primer templo parroquial de Burela, dejó de tener culto en 1962 cuando se terminó de construir la moderna iglesia de Santa María, mucho más céntrica y de mayores dimensiones adecuada para las nuevas necesidades de una Burela en pleno crecimiento. Está situada en el conocido barrio de Vila de Medio, una de las semillas que dieron origen a nuestra vila. Tiene planta rectangular y cubierta a dos aguas con la estructera interior de madera. A principios del S.XVIII se le efectúa una ampliación y se añade una nave lateral según consta en una inscripción donde se lee: "Reedificó esta mitad D. José Bolaño Osorio, patrón de la parroquia...año 1719", también la fachada principal de piedra y sillería así como el campanario datan de ese siglo, la entrada tiene un arco adintelado con una ventana encima, sobre ella la espadaña con tres vanos a los que se accede exteriormente para tocas las campanas a través de unas escaleras de piedra adosada al muro lateral. En el pavimento original a base de losas había dos lápidas sepulcrales elegibles y también se conservan dos pilas agua bendita.

     Las pinturas murales que se encuentran en su interior formaban un conjunto homogéneo y podrían haber decorado ambas paredes laterales de la iglesia. Al llevar a cabo la ampliación y añadir la mencionada nave lateral y la sancristía se debieron destruir otras pinturas murales y ahora en su lugar hay dos arcos de medio punto. Además estas pinturas fueron olvidadas durante mucho tiempo debido al blanqueado con cal al que también fueron sometidas muchas otras iglesias gallegas a partir de finales del siglo XVI por razones fundamentalmente higiénicas, justo a partir de esa fecha disminuirán las pinturas murales, detalle que tendremos en cuenta en la datación de las pinturas como veremos posteriormente.

     Comenzando con el análisis de las pinturas, observamos en la primera impresión su factura estilística medieval, desafortunadamente en uno de los laterales sólo se puede apreciar claramente las escenas de tres paneles estando los otros tres en tal mal estado que apenas se observan algunos detalles. Son en total seis escenas de la vida de Jesucristo separadas y enmarcadas con unas cenefas de motivos geométricos que las diferencias entre sí pero forman en todo momento un conjunto homogéneo en cuanto a estilo, composición, color y temática: La Pasión de Cristo. Son las siguientes:

1. "Jesús ante el Sanedrín", figura central rodeada de soldados que podemos identificar como el proceso al que fue sometido Jesús tras su prendimiento.
2. "La flagelación", resultado del proceso civil y religioso fue la flagelación y la condena a muerte en la cruz, en esta escena se aprecia una licencia artística dado que los soldados que flagelan a Cristo aparecen vestidos prácticamente de cortesanos renacentistas al igual que los de la escena anterior que aparecen con yelmos y armas propias de la mencionada época. Jesús atado a una columna presenta en su cuerpo las señales de su sufrimiento con el llamado por Horacio "horrible flagellum" representadas de forma simple pero efectista.
3. "Santas Mujeres ante el Sepulcro", aparecen tres mujeres que pudieran ser María Magdalena, María de Santiago y Salóme o en lugar de esta última, Juana, flanqueadas por un joven en la cabecera del sepulcro y un anciano a los pies que pudiera ser Juan y José de Arimatea.

     Suponemos que el resto de los paneles continuarían la misma línea representando la Pasión de Cristo con una finalidad pedagógica elemental puesto que enseñaban a los fieles que entonces no sabían leer, los milagros de la vida de Jesús.

     En el otro lateral de la iglesias se conserva otra escena al lado de la puerta principal enmarcada también con una cenefa que parece representar a:

4. "Jesús en el Monte de los Olivos", aparecen unos soldados de la misma factura que los de "Jesús ante el Sanedrín", que aquí dada la representación de pequeños árboles que bien pudieran ser olivos, tendría sentido que fuese su precedente cronológico, es decir, Jesús en el Monte de los Olivos.

     Los colores más utilizados son los azules, ocres y rojos por lo que su gama cromática tal como hoy llega hasta nosotros con las limitaciones de su mala conservación y del paso del tiempo, es sencilla. El dibujo está cuidado con líneas gruesas que delimitan y marcan las figuras.

     La composición de las distintas escenas responde a un estudio previo, sirva como ejemplo el eje central de la columna a la que está atado Jesús en la escena de la flagelación o la práctica isocefalia de los personajes en la representación de las Mujeres ante el Sepulcro. La perspectiva no le interesa al pintor cuando perjudica la mejor visión y compresión del tema que plasma, así en el cuerpo de Cristo de la escena de las Mujeres ante el Sepulcro. No obstante, consigue una sensación de profundidad en la escena de Jesús ante el Sanedrín al poner un soldado de espaldas al espectador y con las lanzas.

     Las figuras presentan una inexpresividad reposada común, en lo que se respecta a su tamaño se respeta sumariamente el canón humano real en todas. Al enmarcar las escenas con cenefas de motivos geométricos variados, quedan muy delimitadas y aisladas dándoles también cierto arcaismo.

     En cuanto a la localización de las pinturas en el templo, responde a criterios fundamentalmente didácticos, como ya comentábamos, de forma que las escenas van por orden cronológico desde la entrada de la iglesia hacia el altar.

     Para concluir con el análisis estilístico reconocemos que son obra del mismo pintor o maestro por su unidad formal y por ser un conjunto homogéneo.

     La datación de las pinturas de la iglesia de Vila do Medio supone una reflexión sobre todos los elementos que las componen dada la ausencia de documentos donde se especifique exactamente la época en que fueron realizadas. Según opina García Iglesias existen gran número de conjuntos pictóricos murales datados entorno al 1500 con criterios absolutamente góticos e incluso en la primera mitad del siglo XVI hai pinturas murales gallegas de raices góticas. Sin embargo, de los siglos XIII-XIV existen pocos ejemplos debido sobre todo a los revoques o repintados que se hacían en las iglesias por su desgaste. Otra referencia importante para datar estas pinturas es la constatación de que a finales del S.XIV se blanquearon con cal numerosas iglesias por razones profilácticas (evitar la propagación de las pestes) y se dejó de decorar con pinturas murales para pasar a utilizar retablos. Señalamos, entonces, que la pintura gótica en Galicia es relativamente abundante, que su medio favorito era el mural y que continuaron sus características formales hasta el S.XVI, por eso, aún en pinturas del S.XVI e incluso del siglo SVII se observa una calidad inferior y una tendencia al arcaismo poco acorde con el estilo pictórico vigente en los grandes núcleos artísticos, y más si se trata de focos o pintores locales.

     Sin querer establecer paralelismo recordemos que en esta zona de la mariña luguesa existen unas espléndidas pinturas en San Martiño de Mondoñedo datadas en torno al 1500 y que también en algunos casos están enmarcadas por cenefas de motivos geométricos e inscripciones.

     A través del vestuario de los personajes que aparecen en las pinturas también observamos que los trajes a base de mallas finas, faldellines y sombreros de tipo italiano que llevan los hombres así como los yelmos y armas de los soldados son típicas del Renacimiento (S.XVI). Por otra parte, en la escena de Jesús ante el Sanedrín hay unas inscripciones pintadas semejantes al alfabeto gótico de miniaturas de los siglos XV y XVI, es una lástima que en el pequeño trozo que se conserva de esta escritura no se aprecie alguna inicial que nos podrá indicar una época más concreta según fuese su ornamentación y tamaño.

     Finalmente concluimos encuadrando las pinturas murales de la iglesia de Vila do Medio entre los siglos XVI y XVII según los razonamientos expuestos anteriormente y dadas sus características estilísticas. Así hablaríamos de un Gótico tardío que mantiene una factura arcaica/medieval tanto en composición, colorido, etc. lo que dada la situación de Burela en aquellos tiempos, alejada de los centros artísticos gallegos importantes, a excepción de San Martiño de Mondoñedo, podría tratarse de una muestra de la perduración de la pintura mural rural a través del tiempo o que el artista se basase en modelos anticuados.

     Termino expresando mis elogios a los vecinos de Burela que trabajaron para hacer posible la recuperación de esta hermosa iglesia y de sus singulares pinturas murales, cuya tarea concluyó en su reinauguración en marzo de 1994 por lo que actualmente se encuentra en excelentes condiciones y es digna de ser visitada e incluida entre las principales obras artísticas ubicadas en la Mariña Luguesa.

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El torques en Burela y nuestro pasado
     Su hallazgo en 1945 está rodeado de anécdotas curiosas porque el afortunado que casualmente encontró el Torques desconocía el valor histórico y la importancia que tendría esta joya tanto para el conocimiento de la historia de un pueblo: Burela, como para el mundo de la arqueología y concretamente de la orfebrería prehistórica.

     Todos sabemos que un torques es un adorno de cuello o collar rígido de los griegos y también los romanos consideraban característico de los pueblos bárbaros (europeos y asiáticos) que lo utilizaban como un símbolo de determinados guerreros o personajes importantes dentro de una determinada sociedad e incluso como distintivo de los dioses o divinidad. Sin embargo, en el Noroeste peninsular dentro de la denominada Cultura Castrexa, desarrolló una morfología distintiva e independiente de otros torques foráneos. El de Burela es un ejemplo de Torques áureo castrexo compuesto por una varilla decorada con alambres enrollados en sus dos tercios inferiores y filigrana en forma de ochos entrelazados en la parte central externa y terminados con unos remates volumétricos.

     En cuanto a su uso o función podemos decir que en esta Cultura parece ser utilizado por varones de un determinado rango social aunque el de Burela debido a su excepcional peso (1.800 gramos) y dimensiones, parece más bien que estaría destinado a otra finalidad, bien fuese como ofrenda, como una joya votiva o como símbolo de poder usado en contadas ocasiones por las personas más representativas de la comunidad (como es el caso de las coronas reales a lo largo de la historia).

     Lo que también trasciende de nuestro torques es la confirmación de la existencia de un asentamiento prerromano en Burela concretamente en la zona de su hallazgo (Chao de Castro) cuyo topónimo es asimismo identificativo puesto que señalaría la existencia de un castro, típico recinto fortificado de forma oval o circular donde vivían nuestros antepasados antes y también después de la llegada de los romanos (que conquistaron definitivamente el territorio septentrional en el año 19 antes de Cristo), esta teoría se vería reforzada porque en los municipios vecinos de Cervo, Foz y Xove también hay varios castros. Y con esta información quedaría demostrada para iluminación de muchos, que Burela tiene un pasado remoto y una historia antigua de las que desgraciadamente no hay testimonios gráficos o documentales pero si arqueológicos: el torques y la arracada, de esta última aprovecho para señalar que es asimismo una verdadera joya puesto que en sus dos escasos centímetros de alto y ancho se condensan unas técnicas de ejecución y decoración realmente complicadas y artísticas propias del savoir faire de un orfebre de gran pericia. La arracada, que apareció en Burela en 1954 es un pequeño pendiente áureo de forma arriñonada que las mujeres llevaban pinzado en el lóbulo de la oreja.

     El hecho de que estos dos adornos de oro llegaran hasta nosotros desde tiempos tan antiguos (la arracada se data en el siglo II d.C. y el torques entre los siglos III y II a.C.), constata además que existió un asentamiento o poblado prerromano donde sus moradores o habitantes gustaban del adorno personal. La indudable importancia de estas piezas también viene dada por el material empleado en su fabricación: oro de gran pureza, lo que quizá podría afirmar la riqueza o el poder de dicha comunidad.

     Realmente es lamentable que al tratarse de hallazgos casuales y descontextualizados no se haya podido hacer ningún tipo de prospección arqueológica en el lugar y momento de su aparición puesto que nos hubieran proporcionado mucha información adicional tanto sobre las propias joyas como de las gentes que las llevaban porque el hecho de que apareciesen en una tumba formando parte de un ajuar funerario o con otras piezas a modo de tesorillo escondido en un determinado momento de peligro o en una estructura tipo vivienda, etc.., aclararían muchos de los interrogantes que nos plantemos a la hora de contextualizar ambas piezas. Con todo, los objetos áureos de la Antigüedad establecían diferencias sociales, tenían carácter apotropaico (de protección o amuleto) y connotaciones mágico-religiosas (asociado a la divinidad) además de su valor intrínseco como adorno.

     Finalizamos señalando que el oro fue uno de los primeros metales, junto con el cobre, que el hombre empezó a valorar y trabajar ya en el III milenio antes de Cristo, incluso hoy en día es un patrón económico y de él nos quedan testimonios en las fuentes literarias antiguas (Estrabón, Plinio...) que menciona la riqueza aurífera del Noroeste y la rica orfebrería que actualmente conservamos es un claro indicio de ello, siendo el torques y la arracada de Burela dos valiosísimos ejemplos.

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El Hórreo en Burela
     El hórreo puede considerarse una de las construcciones más características de la arquitectura popular gallega porque forma parte de nuestro paisaje y de nuestras costumbres. Su aparición se remonta a épocas muy remotas puesto que nace como almacén/granero de cereales; luego, con la introducción del maíz en nuestra agricultura (S.XVII), pasa a utilizarse fundamentalmente para esta gramínea.

     Hasta hace poco la economía de subsistencia de las zonas costeras gallegas como Burela combinaba la agricultura con la pesca, tanto de forma estacional como continua. Por tanto, los hórreos conservados en Burela son una muestra de la economía rural hasta el siglo actual puesto que todavía se siguen construyendo hórreos aunque ya con unos criterios y materiales distintos a los más antiguos, y ello es debido a su función como almacén de determinados productos que garantizaba su reserva para el consumo cotidiano durante todo el año, pero además la dieta alimenticia se complementaba con otros sectores como la pesca, documentada en Burela desde época medieval debido a la riqueza pesquera de nuestra costa. Hasta hace poco la economía de subsistencia de las zonas costeras gallegas como Burela combinaba como ya mencionamos, la agricultura con la pesca, tanto de forma estacional como continua, por eso es normal que los hórreos se ubiquen incluso cerca del mar y siempre alrededor de las casas o eras situándose en busca del viento para que estuviesen bien aireados, y cercanos a las viviendas.

     Su estructura es el resultado de su uso como granero: es alto y estrecho para aislarlo del suelo y de los roedores y facilitar su ventilación para que el contenido permanezca seco. El hórreo rectangular a dos aguas es el más típico de Galicia y se diferencia del cabazo, aunque en algunas zonas se utilizaba ambos términos como sinónimos. En cuanto al material constructivo predomina la piedra pero en la Mariña Lucense se combina con la madera, material este más utilizado también en la Edad Media hasta el S.XVIII cuando empiezan a aparecer ya integramente de piedra en algunas zonas.

     Algunos además tienen algún detalle decorativo como los remates en forma de cruz, que parecen provenir de la época de los suevos, pináculos o relieves indicativos de sus propietarios y la fecha de construcción.

     En Burela son característicos los de madera con estructura de piedra (también denominados hórreos mixtos) de los cuales tenemos bastantes ejemplos a pesar de que el granito no abunda tanto como en el sur de Galicia donde son integramente de piedra, y, en general, se integran en los hórreos típicos de la Mariña Lucense, que suelen ser altos, estrechos, cortos y generalmente pequeños, con "penais" de piedra. En otros lugares como Ribadeo o Mondoñedo ya cambia la tipología estableciéndose unos modelos específicos para cada zona.

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